La vuelta al mundo en setenta y dos días

El próximo 25 de enero se cumplirá el 127 aniversario de un hecho que revolucionó el incipiente mundo del periodismo traspasando el concepto de local en global, donde los avances técnicos se superaban como los tecnólogicos se superan hoy en día. El 25 de enero de 1890, Nellie Bly regresó a su punto de partida, Nueva York, setenta y dos días, seis horas, once minutos y catorce segundos después de su partida. La intención era dar la vuelta al mundo en menos de 80 días, tal y como Jules Verne había calculado que realizaría Phileas Fogg, y posteriormente relatar su viaje en un libro. Bly, con 26 años, se había convertido en toda una celebridad internacional…

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El viaje perfecto es circular: de la alegría de partir a la dicha de regresar

La vuelta al mundo es el viaje más perfecto que existe. Hay algo mágico detrás: es la sensación de abrazar la Tierra de un extremo a otro y de participar en su dinámica. Dar la vuelta al mundo ni siquiera es una aserción que tenga demasiado sentido, porque ¿qué significa exactamente dar la vuelta?.. Sin embargo, a todos nos gusta la idea de dar la vuelta al mundo porque nos inspira que hemos completado un reto, que no se puede ir más allá.

Lo ideal es emplear un mínimo de un año en completarla y aunque se consiga solo en ochenta días, la persona nunca vuelve a ser la misma, ya que las vueltas al mundo son viajes iniciáticos, viajes de aprendizaje sobre uno mismo y de reconocimiento físico del planeta en donde hemos nacido.

Parece más apropiado  comenzar la vuelta al mundo hacia el Oriente, a la inversa del movimiento de rotación de la Tierra. Las razones son varias; una de ellas es la económica, por los mejores precios de los pasajes de los aviones que vuelan desde América a Europa y de Asia a América. Otra es por la sensación de ir en busca del sol.

Sin embargo, es perfectamente factible  dejarse llevar por la inercia del planeta y comenzar hacia el Oeste. Dar la vuelta al mundo desarrolla todos los sentidos al unísono y favorece la eclosión del alma.

Esta idea aún se vuelve más romántica si lo hacemos en 80 días, aludiendo a las aventuras de Phileas Fogg descritas por Julio Verne en La vuelta al mundo en 80 días (1872). Para empezar facilitando las cosas y que podamos seguir los pasos exactos de Fogg sin necesidad de leernos la novela, en Google Maps han creado un mapa en el que vienen indicados los lugares que atravesó el británico, además de la página del libro en la que sale referenciado el lugar.

Ver La vuelta al mundo en 80 días en un mapa más grande

La llegada de Nelly Bly a la estación de Jersey City. Ilustración: Dominio público.

La pionera en el periodismo de investigación

Julio Verne, a finales de 1872, publicó una novela por entregas que al poco se convirtió en el icono cultural de los grandes viajeros: La vuelta al mundo en ochenta días.

En ella se cuentan las aventuras de del inglés Phileas Fogg y de su ayudante Jean Passepartout en su intento de ganar una apuesta con sus colegas del Club Reformista: arriesgará la mitad de su fortuna comprometiéndose a dar la vuelta al mundo en sólo 80 días usando los medios disponibles de la época, buques, tren, trineos, elefantes… (pero no globos, que un mito suscitado por la confusión con otra de sus obras, Cinco semanas en globo).

Sin embargo, la popularidad de la obra literaria de Verne ha conseguido eclipsar una hazaña más extraordinaria por varios motivos. El primer motivo, que fue una hazaña real. El segundo, que fue protagonizado por una mujer. Y el tercero, que consiguió batir la marca del personaje literario Phileas Fogg: en vez de 80 días, se emplearon 72 días, 6 horas, 11 minutos y 14 segundos.

Los editores del New York World, periódico por el que entonces trabajaba, fueron muy recelosos con la idea de una mujer joven viajando sola por el mundo pero supieron sacar partido del viaje organizando un concurso entre sus lectores para adivinar cuando llegaría y si lo conseguiría. Con una fuerte determinación Nellie Bly subió al transatlántico Augusta Victoria un 14 de noviembre de 1889 rumbo a Inglaterra.  Pasó siete días en el barco que la transportó hasta Londres, tomó un tren a París, un tren a Italia, un bus a través del continente para luego abordar un barco de vapor dirigido hacia el Canal de Suez y Egipto. Luego se dirigiría a Singapur, después a Honk Kong, donde abordaría un barco hacia San Francisco, donde un tren la llevaría finalmente a Nueva Jersey. Se dice que, en su trayecto por Francia, conoció al propio Jules Verne que le animó a superar el listón ficticio que había marcado Phileas Fogg.

¿Cómo surgió la idea del viaje?, contaría más tarde Bly en el relato de los hechos. “Es difícil a veces explicar cómo surge una idea… En este caso, un domingo, como era mi costumbre, estaba pensando en algo que ofrecerle el lunes a mi editor y no me salía nada, así que, cansada, me dije: ‘Ojalá me encontrara ahora en el otro lado del globo…”. Y ahí estaba. Se hizo la luz.

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Con 18 años, tras leer un artículo misógino titulado ‘Para qué sirven las mujeres’ en el Pittsburg Dispatch, envió una incendiaria carta de protesta, que impresionó tanto al director que le ofreció un trabajo. Durante ese tiempo, las mujeres escribían bajo seudónimos, por lo que adoptó el seudónimo Nellie Bly, en honor al personaje de la canción del mismo nombre, de Stephen Foster.

Nellie Bly como el seudónimo que empleaba la periodista Elizabeth Jane Cochran para ejercer como periodista encubierta. Con sus trabajos, incluso arriesgó la vida haciéndose internar en una institución mental durante diez días para poder escribir sobre ella, gracias a lo cual cambió totalmente la forma en la que se tratan a los enfermos mentales en Estados Unidos. Nellie Bly también era guapa, decidida, valiente y feminista. Murió en 1922 pero aún es recordada por muchos estadounidenses: le compusieron una canción (todavía en el repertorio de todos los coros de música popular norteamericana), un juego de mesa, películas, y constituye un ejemplo para las mujeres, y también una prueba viviente de que la realidad puede ser más apasionante que cualquier fantasía.

Ilustraciones: @DominioPublico

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