Baile de máscaras a la africana en las islas Bijagós

Además de ser un paraíso para hipopótamos y tortugas marinas, este archipiélago suspendido en el Atlántico celebra uno de los carnavales más coloridos y sorprendentes de todo el Continente Negro…

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Las referencias escritas más tempranas sobre las Islas Bijagós datan de 1456, cuando los primeros exploradores portugueses los citan en sus escritos. A lo largo del siglo XVII las islas se usaron como puertos temporales para concentrar en los mismos las partidas de esclavos para exportar a América. A finales del XIX fueron colonizados por los portugueses. Durante medio siglo se resistieron a su colonización levantándose en rebelión contra los portugueses.

Por Enrique López Tapia

Hay un lugar donde las huellas de los hipopótamos salen del mar y se marcan en la arena blanca de playas salvajes. Hay un lugar donde los hombres al danzar se cubren la piel con la tierra de sus ancestros; un lugar donde al pescar se lanzan las redes intentando atrapar al sol, en el que las barcas llegan al anochecer cargadas de baile y música y donde las tortugas marinas nacen en islas sagradas. Una sociedad en la que las mujeres mandan y una vez al año visten sus mejores galas en uno de los carnavales más coloridos y sorprendentes de África.

Es el archipiélago de las Bijagós, en Guinea-Bissau. Tan solo cuatro horas en avión separan a España de este pequeño país situado al sur de Senegal y que, poco a poco, se abre al turismo internacional dando a conocer sus maravillas naturales y culturales. Las Bijagós se encuentran a 48 kilómetros del África continental, un viaje en lancha de tres o cuatro horas durante el cual se pueden observar los delfines que acompañan a las barcas, disfrutar de los bandos de charranes lanzándose sobre la superficie del agua en busca de bancos de peces o contemplar el vuelo de los pelícanos entre los grandes canales de las islas (formadas, por cierto, a partir del antiguo delta del río Geba y del río Grande. En total, 80 islotes de los cuales solo 23 están habitados de forma permanente).

La gran biodiversidad marina y terrestre de las Bijagós hizo que la Unesco crease en 1996 la Reserva de la Biosfera Bolama-Bijagós. Y tan solo un año después, el gobierno fundó el Parque Nacional de Orango, donde la estrella es, sin lugar a dudas, el hipopótamo. Las Bijagós son el único lugar del mundo que cuenta con una población de hipopótamos que hace ya mucho tiempo abandonaron nadando el continente, se internaron en el mar y llegaron a las islas. En las lagunas de la isla de Orango, gracias a unos observatorios de madera instalados en las orillas, es posible disfrutar de estos enormes animales y de las cientos de aves acuáticas que abundan en las islas.

Para llegar a las lagunas no hay más que seguir las huellas que dejan los hipopótamos en la arena de la playa y continuar por sus senderos bien marcados en la tierra y en la hierba de las praderas. Cuentan que las hembras van a parir al mar, donde se sienten seguras. Si se tiene suerte, se las puede ver nadando y disfrutando de las olas muy cerca de las playas como ocurrió hace muy poco cerca del Parque Hotel Orango, dedicado al ecoturismo y la única instalación hotelera de la isla de Orango.

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Testigos del desove

Otra joya natural del archipiélago es el Parque Nacional de Joao Vieira-Poilao, que protege las islas más lejanas y las playas donde llegan hasta cinco especies diferentes de tortugas marinas, siendo el tercer punto más importante del océano Atlántico para el desove de tortugas (el primero es Tortuguero, en Costa Rica), con una media de siete mil tortugas verdes arribando en sus playas entre septiembre y diciembre, la mayor población de África. Y es que navegar hasta Poilao es una de las experiencias más enriquecedoras. Es una isla sagrada para los bijagós, que la consideran mágica y por ello se encuentra deshabitada: el lugar perfecto para que las tortugas marinas encuentren aquí la tranquilidad que necesitan para ascender por la playa y excavar en la oscuridad el nido donde depositarán sus huevos.

Pasar la noche en Poilao esperando en la oscuridad a que lleguen las tortugas es una maravillosa experiencia. En el silencio de la noche solo se escucha el mar y la fuerte respiración de las tortugas excavando el nido. Al terminar de depositar los huevos y después de un gran esfuerzo, abandonan despacio la isla a la que siempre vuelven, fieles al lugar donde ellas mismas nacieron. Al amanecer podemos ser testigos de un milagro que se produce durante toda la temporada de anidación hasta casi dos meses después de la última puesta de huevos: el nacimiento de las pequeñas tortugas que surgen de la arena y corren hacia el mar buscando instintivamente la seguridad del mar.

Contemplar algo así, que se viene repitiendo desde hace miles de años, sin más compañía que los guardas del parque nacional, hace que la visita a esta isla paradisíaca se convierta en algo realmente inolvidable. Navegar por los ríos y los laberínticos manglares en busca de las aves; los hipopótamos marinos; las selvas y los palmerales; las tortugas y las playas vírgenes; las tradiciones y la cultura del pueblo bijagó.

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Carnaval y rituales del pueblo bijagó

Y es precisamente en este último aspecto donde, desde hace tres años, la isla de Orango acapara todas las miradas gracias a su carnaval. La recuperación de esta tradición olvidada en la isla de Orango Grande por los pueblos que habitan las Bijagós es todo un espectáculo de danzas, color, música y máscaras tras las que se esconden profundas creencias y tradiciones. Las danzas son de gran importancia en la cultura bijagó.

La espiritualidad forma parte de la vida de todos los pueblos indígenas del mundo. En África, la comunicación con los ancestros está muy arraigada en sus culturas y creencias. Las danzas se transforman en rituales donde se logra una conexión profunda con el mundo de los espíritus. Estas danzas y ceremonias se remontan a siglos y permanecen aquí intactas gracias al aislamiento que proporcionaron las islas. De esta manera el carnaval bijagó se transforma en algo totalmente diferente a cualquier otro que hayamos visto.

Para los pueblos de las diferentes islas se trata de algo más que un simple baile de máscaras. A través de sus disfraces representan sus animales más sagrados, como el toro, el hipopótamo o el tiburón martillo. Mediante coloridas representaciones y trabajadas coreografías acompañadas de música, se atrapa a los espectadores con la fuerza de los bailes al ritmo de los tambores, verdadera magia que convierte a este carnaval en algo único en el mundo.

Es la excusa para ser testigos de los diferentes ritos, bailes y música de las Bijagós, un lugar donde el rey de Eticoga de la isla de Orango, el amable y anciano Augusto, te acompaña al interior de la cabaña donde están las tumbas de sus antepasados, como la reina Kimpa Pampa, la más querida de sus gobernantes.

En la isla de Orango Grande hay una tierra donde las mujeres tienen toda la autoridad, donde se organizan en asociaciones que gestionan la economía, el bienestar social y la ley. Son ellas las que dirigen, aconsejan, distribuyen los recursos y gobiernan, se las respeta como dueñas absolutas de la casa y de la tierra.

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