La isla que cada seis meses cambia de nacionalidad

Este islote ovalado de dos mil metros cuadrados que descansa cerca de la desembocadura del río Bidasoa es un ejemplo internacional de concordia y buena vecindad. ¿Llegará el día en que pueda visitarse?..

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“La isla de los Faisanes es una inspiración en el ámbito internacional porque es una evidencia de la cooperación transfronteriza y de la soberanía compartida que existe en pleno siglo XXI”, explica el profesor de Organizaciones Internacionales y de Derecho Internacional Público de la Universidad de Deusto, Antonio Manrique de Luna.

Esta pequeña isla entre Irún (País Vasco) y Hendaya (Departamento de los Pirineos Atlánticos), con dos mil metros cuadrados, y un gobierno compartido entre España y Francia cada seis meses, demuestra que una frontera no es sólo una cicatriz en el mapa, una línea divisoria entre dos o más países. Cada seis meses, con cambio de turno el día 1 de agosto y el 1 febrero, se alternan la jurisdicción Francia y España.

El islote no está habitado ni es visitable. La rutina, la normalidad y hasta el aburrimiento mandan en un lugar poco normal. Los curiosos lo contemplan desde ambas orillas, a apenas cincuenta metros; las embarcaciones y los piragüistas pasan de largo; y dentro solo acceden habitualmente los miembros de las Comandancias Navales de San Sebastián y de Bayona, responsables de su jurisdicción en cada turno.

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El Tratado

Pese a su discreto tamaño -es el ‘condominio’ más pequeño del mundo-, este islote ha sido llamado a grandes gestas. En sus 215 metros de largo y 38 de ancho con forma ovalada, solo hay una treintena de chopos, algo de maleza, hierba corta, piedras y un monolito que recuerda su momento cumbre en la historia: aquí se firmó el 7 de noviembre de 1659 el Tratado de Paz de los Pirineos, que puso fin a un conflicto iniciado durante la Guerra de los Treinta Años. En virtud de una de las cláusulas, la corte española entregó a la francesa en este islote fluvial a la infanta María Teresa de Austria, hija de Felipe IV, para contraer matrimonio con Luis XIV, el Rey Sol. A lo largo de los siglos son varias las infantas casaderas y los prisioneros que ambos países se han entregado mutuamente en este lugar.

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Para la rúbrica se levantó una construcción temporal que dio lugar a una batalla de imagen y poder por ver qué delegación introducía más lujo y ostentación en su parte, lo que retrasó el momento de la firma. Entre los presentes se encontraban el conde de D’Artagnan, origen del legendario personaje literario de Alejandro Dumas, y el pintor Diego Velázquez, encargado de la logística del rey y cuya muerte, solo un mes y medio después de su regreso a Madrid, se vincula con lo extenuante de esta expedición.

Parece que fueron dos meses y medio de un trabajo muy intenso, Velázquez tenía 61 años, una edad avanzada para la época, y entre sus cometidos tenía que adelantarse al monarca en cada etapa para preparar su aposento. Acompañó a la comitiva y tuvo que hacerse cargo de cuestiones relacionadas con la preparación y el desarrollo del viaje y la ceremonia. No hay certeza absoluta, pero los historiadores asocian su muerte con el desgaste de este viaje. Pese a lo que alguna vez se ha publicado, no se conoce constancia documental de que Velázquez pintara ningún cuadro sobre o en el famoso islote.

La estructura sin techo, pues el evento fue en junio, fue la elegida por el genio español, con una zona para el Rey Sol y su corte y otro para su majestad española y sus acompañantes. Un momento de esplendor en la decadencia. Diego de Velázquez cuidó con esmero hasta el más ínfimo detalle.

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El Condominio

La fórmula del condominio, a mediados del siglo XIX, se trató ciertamente de una cesión a Francia, ya que hasta entonces el río Bidasoa y el islote pertenecían a España. En el Tratado de los Pirineos, Luis XIV reclamó parte del río, pero Felipe IV se negó en rotundo. Sin embargo, 200 años después, en el Tratado de Bayona de 1856, consiguió su objetivo y se hizo con la mitad del Bidasoa. Entonces también se acordó el condominio sobre la Isla de los Faisanes, aunque el reparto de seis meses para cada uno no llegó hasta medio siglo después, en un intento de acabar con las disputas entre los pescadores de ambos países y con el contrabando en la zona.

Hace ya mucho tiempo que el lugar es un remanso de paz. De las últimas veces que se vio perturbado fue en 1974, cuando varios miembros de ETA, que trataban de cruzar la frontera, fueron sorprendidos cerca de la Isla de los Faisanes por la Guardia Civil. La operación se saldó con un agente y un terrorista muertos.

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Islote sin faisanes

Quizás el mayor peligro al que ha hecho frente el islote ha sido a su posible desaparición. Cuando se fijó el condominio, la isla había adelgazado a más de la mitad de sus dimensiones en los dos últimos siglos por culpa de la erosión del río. Apenas medía 80 metros de largo por cinco de ancho. Así que España y Francia pactaron hacer trabajos de refuerzo que dieron sus frutos. Hoy tiene 215x38m. De la jardinería y limpieza se ocupa el personal de los ayuntamientos de Irún y Hendaya, que entra una vez por semestre para que todo siga presentable.

A esta isla se le han atribuido muchos nombres: en la época romana se la llamaba en euskera “pausu  o pauso”  por el peaje que se debía pagar por transitar entre Aquitania e Hispania, de aquí viene el nombre “Isla de los Paussans”, que los franceses cambiaron primero en “Faussans” y luego en “Faisans”. Toma el castellano su traducción de “Isla de los Faisanes”, que es el más empleado hoy en día.​ En euskera hay todavía quien la llama “Konpantzia”.

Lo que no hay en la Isla de los Faisanes son faisanes, como lamentó el escritor francés Victor Hugo en su visita de 1843. “Lo más una vaca y tres patos, sin duda comparsas alquiladas para hacer el papel de faisanes para los visitantes”, escribió. “Aquí no hay faisanes”.

Fuentes: MuseodelPrado//ElPaís//Wikipèdia

Fotos: Zarateman // Traveler // Pixabay

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